21 junio 2021 / 11 Tammuz 5781
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Concierto para ochenta y cinco gotas, un reclamo y una eterna memoria (2014)

Espacio de Arte Muestras

Huérfanos

Este concierto parte de las Acciones por la Memoria que viene desarrollando el Espacio de Arte AMIA, promoviendo la intervención del arte como herramienta de exigencia de justicia.

Luego de cientos de acciones en estos últimos años, es la primera vez que trabajamos en la realización de una obra musical en tres movimientos referida a esta temática.

Lo que al principio se trataba de una intervención a partir de la descomposición del sonido de ochenta y cinco gotas, se convirtió gracias a la creatividad y el compromiso de Roberto Kuczer y un gran equipo de trabajo, en una pieza que perdurará en el tiempo y que trascenderá el reclamo específico para convertirse en una metáfora sonora de la impunidad, el peor de los crímenes.

La diversidad de melodías nos habla de la particularidad de cada una de las personas que murieron el 18 de julio de 1994, y su duración es proporcional a la edad de cada uno. Esta operación conceptual nos muestra, con un dramatismo preciso el asesinato en términos de la interrupción drástica de vida, pero también del quiebre que significa la negación de la justicia.

La ruptura, la ausencia presente a través del recuerdo, la estremecedora poesía rítmica, los destellos de vida de las víctimas representados por cad una de las melodías, es la materialización de una profunda idea artística pero también de una convicción: la memoria no puede reemplazar a la justicia.

Elio Kapszuk

 

Un mar de ochenta y cinco lágrimas

Hay finitudes que le arrancan a la muerte su verdadero nombre.

Ochenta y cinco finitudes son mucho más que ochenta y cinco muertes.

¿Se puede demostrar esto tan solo por la suma de dolores o de esperanzas frustradas? Siguen siendo mucho más que una operación matemática.

Ochenta y cinco muertes desafían al amanecer, al florecer, al volar, al amar.

Atentan contra el poder proseguir. Atentan contra el poder reconocerse en el hombre.

Existen mares con infinitas gotas y existe un mar de tan solo ochenta y cinco lágrimas, que en su espesura, en su profundidad se convierten en un caudal inconmensurable.

Roberto Kuczer en el “Concierto para ochenta y cinco gotas, un reclamo y una eterna memoria” da cuenta de ello. Solo la música, tan despegada de lo humano, como la mano de la tragedia, tiene capacidad para llegar al cielo. La música con su caricia, garantiza eternidad, la tragedia la estremece, manipula nubes y rayos y nos señala el límite de lo humano.

Jorge Caterbetti

PROYECTO

Concierto para ochenta y cinco gotas, un reclamo y una eterna memoria.

De Roberto Kuczer

Julio 2014

La Usina del Arte

PRENSA
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