21 junio 2021 / 11 Tammuz 5781
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Judíos Argentinos. Retratos en el Bicentenario (2010)

Espacio de Arte Muestras

Los argentinos durante el 2010 conmemoramos lo transcurrido hace 200 años cuando el 25 de mayo de 1810 se declaró al Cabildo como órgano representativo de la voluntad popular, depositario de la soberanía y se conformó la Primera Junta de Gobierno. Así comenzó el proceso de la lucha por la independencia de la Nación Argentina frente al dominio español que reinaba hasta ese entonces.

Dos siglos después es valorada la diversidad como marca fundamental de la identidad argentina.

Es en el marco de la celebración de este Bicentenario de la República Argentina y la designación de nuestro país como invitado de honor en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, que la Cancillería Argentina, a través del Comité Frankfurt 2010 (COFRA), propuso la posibilidad de realizar dos muestras temáticas relacionadas con algunos aspectos relevantes de la vida judía en Argentina, lo hizo seguramente también porque entendió que valía la pena aprovechar esta oportunidad histórica para pensar los distintos factores que nos han ido conformando como país, entre ellos, el aporte de las diferentes comunidades que lo integran.

ACERCA DEL MARCO CONCEPTUAL DE LAS MUESTRAS

Las dos muestras, preparadas especialmente para cada uno.de los dos lugares de exhibición, están compuestas por elementos distintos. Son en sí mismas muestras diferentes, individuales, pero que al mismo tiempo se completan entre sí, compartiendo una misma mirada.

Los ejes de las dos muestras, “Vida Judía en la Argentina, Aportes para el Bicentenario”, inaugurada el 22 de julio de este año en el Museo Judío de Berlín, y esta muestra en el Museo Judío Frankfurt, se relacionan con dos componentes: por un lado con el sostenimiento permanente de la memoria y por el otro con aquellos aspectos de la comunidad judía que, como elementos simbólicos, reflejan la integración creativa de las minorías inmigratorias a la consolidación de la sociedad argentina.

La primera exposición fue preparada especialmente para ser exhibida en el Museo Judío de Berlín, cuyo edificio, concebido y construido por el arquitecto Daniel Libeskind, es en sí una obra de arte con una contundencia impactante, capaz de transformar su misión institucional en una experiencia corporal y compleja.

En el contexto de ese condicionante, tomamos la decisión de generar un diálogo con los espacios del Museo, creando instalaciones basadas en contenidos y con mensajes conceptuales que le proporcionasen un marco de fortaleza a la vivencia.

Para ambas muestras, en lo que refiere al primer eje conceptual, el del sostenimiento de la memoria, entendemos que ésta, como elemento constitutivo de la identidad, requiere de acciones capaces de detener el trabajo corrosivo del olvido para ir trayendo al presente aquello que sucedió y se desea recordar. La sola recordación de aquello que sucedió puede llegar a promover un grado de comprensión, pero no el suficiente como para convertirse en un elemento constitutivo de la identidad de una nación o de una persona. Para que ello suceda, se requiere una resignificación permanentemente de esa memoria, con capacidad de impulsar la participación activa del sujeto, haciéndole sentir ese acontecimiento como si lo hubiese vivido personalmente, dándole sentido a su presente.

Entendemos también que la permanente recreación de la memoria puede facilitar el abordaje y debate de temáticas relacionadas con las grandes migraciones de la era moderna o la del multiculturalismo posmoderno, revalorizando la articulación de las memorias y los aportes de las identidades particulares de grupos minoritarios en la construcción de la memoria colectiva, generando su permanente y enriquecedora resignificación.

Es en este sentido que toma consistencia el segundo concepto, el de la integración de la comunidad judía argentina como minoría que revaloriza la validez de la convivencia en la diversidad. Una diversidad que puede consolidarse sólo si existe una memoria colectiva nutrida de vivencias individuales y de un despliegue de estrategias rememorativas y conmemorativas. De creación de espacios para el recuerdo, de acciones urbanas, muestras y exhibiciones para darle continuidad a la memoria como marco identitario, promoviendo el abandono del lugar de observador para pasar a ser un constructor de una obra de memoria colectiva.

Recordar no es un acto de nostalgia y pérdida, es compromiso hacia el futuro. Porque cuando se habla de memoria se habla de identidad y de historia, de justicia y de verdad, del derecho a la diferencia y de la unidad en la diversidad. Las acciones por la memoria basadas en experiencias artísticas adquieren la capacidad de preguntar y en definitiva son una apelación ante hechos como el Holocausto, la dictadura en la Argentina, el atentado a la AMA, o cualquier suceso nefasto de la historia reciente. Sirven para manifestar una de las características más bellas del arte: incomodar y cuestionar.

Conectando entre los dos componentes conceptuales, estas muestras permiten sumarnos a la revalorización de la memoria resaltando acontecimientos insertos en la memoria colectiva de los argentinos, compartiendo el aporte que realizaron los judíos argentinos a las distintas áreas del quehacer nacional, en las artes, la ciencia y la cultura productiva de todo el país. El hecho que se estén resignificando en la sociedad argentina las reflexiones y acciones vinculadas a la preservación de la memoria de lo sucedido durante la última dictadura militar de la década del ’70, y también aquellas destinadas a recordar y reclamar justicia por las víctimas del atentado a la comunidad judía perpetrado en julio de 1994 en el edificio de AMIA, ponen en juego los dos ejes conceptuales de las muestras.

La historia de la inmigración judía a la Argentina y su aporte a la construcción de la nación es un disparador oportuno para rescatar el aporte de las distintas corrientes inmigratorias y minorías en nuestro territorio. También es un punto de partida para traer hacia nosotros la problemática que surge con los movimientos migratorios actuales y que hoy se ha convertido en un tema central e irresuelto de nuestro mundo contemporáneo.

A lo largo de estos años de presencia judía en la Argentina, se han transitado buenos y malos momentos, y lejos está de ser un relato idílico, pero constituye un modelo propio integrado a un momento histórico determinado que vale la pena valorar en todos sus aspectos. Un elemento diferencial con respecto a otros grupos que llegaron a la Argentina, es que no venían a “Hacer la América”, ya que no existía, en casi todos los casos, la posibilidad de volver al país de origen. Esto implicaba un cambio en la concepción y también en la predisposición desde la propia génesis del proceso inmigratorio.

“Qué busca el judío que huyó de los países que está sometido a tensión a las naciones de ultramar? ¿Pan y libertad?” Se preguntó el historiador Simon Dubnov: No, libertad y pan!”.

Es importante resaltar los distintos niveles conceptuales para poder entender desde dónde hemos decidido contar el aporte de la inmigración judía en el marco del bicentenario de nuestro país. Como veremos más adelante, rescatamos la figura de doscientas personalidades que han hecho un trabajo destacado en distintas áreas del quehacer nacional. Por supuesto que este número es arbitrario debido a que está ligado con el Bicentenario, pero nos permite hacer un verdadero muestrario. No se trata de vanagloriarse y de asumir como propio el trabajo individual de cada una de estas personas. Muchos de ellos no lo hicieron en nombre de su identidad judía, pero son importantes y significativos para entender los procesos de inclusión, tanto de los inmigrantes como de las generaciones posteriores en la sociedad argentina. Es también la posibilidad de contar con ejemplos propios la historia que nos involucra, pero sobre todo es poner el eje en un tema central: la construcción del sentido de pertenencia.

Un rasgo que caracterizó a la inmigración judía en Argentina fue la de sentirse parte casi automáticamente. En términos deportivos, a fuerza de necesidad y convicción, después de un corto período, hubo una actitud de Ponerse la camiseta, sentirla propia y salir a la cancha. El proceso por el cual este grupo inmigratorio adoptó un nuevo terruño hasta sentirse parte de él, es significativo para entender la construcción del sentido de pertenencia. Este concepto es el que creemos que es un ejemplo para destacar y el verdadero paradigma de esta particularidad.

En estas páginas veremos que muchos de los inmigrantes, incluso los que conservaron algún acento, fueron verdaderos referentes de la construcción identitaria de un país desde su propia peculiaridad.

Proponemos una mirada que nos se centra en nosotros mismos. No se trata de jactarse con los logros, sino de proponer un prisma, un vidrio tornasolado, que nos permita ver, a través de nuestro ejemplo, el aporte de todos. También es la posibilidad de ponernos en el lugar del otro. De poder pensar en quiénes hoy ocupan el lugar que en su momento ocuparon los inmigrantes españoles, italianos, judíos, etc.; si algunos de los problemas que sufrieron esos primeros grupos no se están sufriendo ahora, y si hay algo de nuestra experiencia que sirva para colaborar con ellos.

El dibujante Shaun Tan describe en su obra “Emigrantes” la historia de una familia que tiene que trasladarse. Sin palabras, y a través de imágenes, muestra el desarraigo, la separación de los afectos, el encuentro con una cultura distinta, la ruptura, la angustia, la incomprensión, la posibilidad de entender y luego de adaptarse a una nueva idiosincrasia; sin perder las características propias y disfrutar las nuevas. El artista cierra el círculo cuando su personaje puede orientar al recién llegado a descifrar la cultura del lugar.

Son muchos los trabajos académicos que se vienen realizando sobre temas relacionados con memoria, identidad, inmigraciones y diversidad. Los encuentros abiertos – Festival de la Luz en su XVI edición realizada recientemente en Buenos Aires, seleccionó como cuestión central, en uno de los encuentros más importantes de la fotografía de Latino América, las identidades en tránsito, e incorporó como disparador un fragmento de un manifiesto alemán de los años 90′: “Tu cristo es Hebreo. Tu auto es japonés. Tu pizza es italiana. Tu democracia es griega. Tu café brasilero. Tus vacaciones turcas. Tus números árabes. Tu alfabeto latino. Sólo tu vecino es extranjero”.

Es que la construcción del otro como extraño, y por lo tanto enemigo, es uno de los flagelos más acuciantes que tienen los países receptores de inmigrantes, y es ahí donde deseamos hacer un aporte con el pensamiento del poeta Carlos Grünberg:

“He reflexionado largamente, desde la niñez hasta la vejez, sobre mi condición y mi situación de judío, de miembro de una familia espiritual minoritaria, inmerso en un mundo poco inteligente y poco tierno, proclive a confundir lo diverso con lo adverso, lo opuesto con lo contrapuesto, lo extraño con lo extravagante, lo otro con lo hostil y con lo aborrecible. Cada humano es una galaxia de diferencias específicas (…). A mí me ha tocado en suerte ser varón por el sexo, blanco por el color de la piel, judío por la estirpe, argentino, porteño, racionalista, librepensador, hispanohablante, versificador, etcétera. Mi diferencia es única, impar, irrepetible. (…)

Mi diferencia es un hecho, y de este hecho emana un derecho: mi derecho a ser diferente. Y también emana un deber: mi deber de ser diferente. Y de mi derecho a ser diferente emana una obligación: la obligación, que tienen todos los demás, de respetar y alentar y amar mi diferencia. Yo amo mi diferencia con el amor con que la amaría si fuese otra diferencia y con el amor con que amo las diferencias ajenas. He aquí mi modo de amar a mi prójimo como a mi mismo. Yo he nacido para abogar en verso por la diferencia y para hacerlo con el ejemplo de mi diferencia y en especial de estos dos atributos integrantes de mi diferencia: mi judeidad y mi argentinidad”.

La UNESCO considera que la diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos y, por lo tanto, la ha declarado patrimonio de la humanidad, que debe ser respetada y considerada en beneficio de las generaciones presentes y futuras.

Carlos Grünberg nació en 1903 y es hijo de inmigrantes, es parte del proceso que queremos contar y valorar: la transformación del migrante en ciudadano cultural.

ACERCA DE LA COMUNIDAD JUDÍA EN LA ARGENTINA

Esta muestra es el marco apropiado para reflejar la riqueza y creatividad con la que se ha ido estructurando la sociedad argentina, construida con la presencia de quienes la poblaban desde sus orígenes, luego de la colonización hispánica, a los que se sumaron los aportes de los diferentes grupos de inmigrantes que se fueron radicando en todos los confines de su territorio.

Argentina, un país de inmigración

La presencia de inmigrantes para poblar el territorio argentino y la intención de facilitar su llegada está ya manifestada en la Constitución Nacional de 1853, en su Artículo 25 cuando dice que: “El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias y enseñar las artes y las ciencias y las artes”.

 Los judíos fueron uno de los grupos inmigratorios que buscando una tierra más propicia para vivir encontraron en la Argentina un país que quería recibirlos. Allí los inmigrantes judíos arribaron y desplegaron su accionar desde su particular memoria histórica, cultural y religiosa.

En el contexto de la política de promoción inmigratoria que la Argentina propiciaba, la primera presencia de inmigrantes judíos se registra en los años ‘60 del siglo XIX. Es el momento en el que comienza en la ciudad de Buenos Aires la vida judía organizada cuando un reducido grupo de pioneros judíos de origen francés, alemán e inglés, arribados individualmente, crean en 1862 la Congregación Israelita. Los inspiran sus deseos de encontrar, como muy pequeña minoría, un espacio propio en el contexto de la sociedad general para ejercer sus tradiciones y rituales religiosos vinculados principalmente con los casamientos, el registro de nacimientos, y el cementerio. Esos primeros inmigrantes judíos fueron seguidos por otros provenientes del Marruecos español que crearon su comunidad en 1890.

LA INMIGRACIÓN MASIVA

Más allá de lo realizado por esos pequeños grupos pioneros, el momento más comúnmente mencionado como aquel que marca el verdadero comienzo de la vida judía en el país corresponde a la llegada de 120 familias en el vapor Wesser, el 14 de agosto de 1889, como primer contingente organizado. Para ellos, que buscaban una tierra en la cual radicarse y escapar de la opresión en la que vivían por su condición de judíos, enterarse que la República Argentina tenía especial interés en recibirlos fue una bendición que les posibilitó vislumbrar con esperanza su deseo de vivir en libertad.

Ese grupo de inmigrantes judíos que venía escapando de los pogroms de la Rusia zarista y eligió la Argentina como destino, fue el que dio origen a la singular experiencia de la Colonización agrícola judía en el país, experiencia que por su trascendencia e impacto ocupa un lugar destacado el relato histórico argentino y en el de la historia judía moderna.

La llegada del grupo del Weser es así descripta por Haim Avni: “En un destemplado día de invierno, el 14 de agosto de 1889, ancló en el puerto de Buenos Aires el barco de pasajeros y carga alemán Weser. En su cubierta se amontonaban aproximadamente 1.200 inmigrantes exhaustos por la travesía de 35 días, desde el puerto de Bremen La capital de su nueva patria se extendía ante sus ojos como un enigma neblinoso del que los separaba una franja de agua turbia y parda del Río de la Plata. Ese día el Weser fue el único barco que trajo inmigrantes, pero durante años fueron muchos los barcos que trasladaron nuevos pobladores hacia la joven república. El mismo Weser había hecho varias veces el recorrido entre Bremen y Buenos Aires. Ese viaje, empero, era distinto de los anteriores, y la diferencia estaba en la composición peculiar de la población de inmigrantes que traía. Entre lo 1.200 pasajeros del barco había no menos de 820 judíos rusos, en su gran mayoría religioso y casi todos luciendo barba y aladares y la vestimenta judía tradicional de la Europa Oriental”

Esta trascendencia está íntimamente relacionada con el Barón Mauricio Hirsch, filántropo judío alemán que creó la Jewish Colonization Association (JCA), la cual permitió la salida de miles de judíos oprimidos de Europa Oriental hacia otras regiones en las que pudiesen vivir en libertad, buscando “la tierra prometida”. Creó decenas de colonias agrícolas en diferentes provincias del país y facilitó a los colonos el acceso a la tierra, a las herramientas de trabajo y a una vivencia comunitaria que incluía la escuela, el centro socio-cultural, y el sinagogal.

Con su ayuda se fundaron colonias en las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, La Pampa, Entre Ríos, Santiago del Estero. La primera, llamada por eso “la madre de las colonias” fue la de Moisés Ville en Santa Fe, luego fue la de Mauricio en la Provincia de Buenos Aires. Nombres de colonias como Basavilbaso y Villa Clara en Entre Ríos, Bernasconi en La Pampa o Rivera en Buenos Aires, ocupan un lugar destacado en la memoria histórica de esas provincias y en el recuerdo de sus protagonistas. Otras colonias independientes se sumaron a esta hazaña, en las provincias.de Río Negro y Chaco.

El vinculo que desarrollaron los colonos judíos con la tierra y el foklore argentinos inspiraba su ilusión de establecer por generaciones su retorno al contacto con el campo, aculturados en la sociedad general. Es allí, en ese sueño, que nace la mítica figura del “gaucho judío”, titulo del emblemático libro de Alberto Gerchunoff escrito en homenaje al Primer Centenario de la Argentina.

Los inmigrantes judíos manifestaron desde un primer momento una conmovedora vitalidad creativa que se expresó en este contexto rural de las colonias a través de sus aportes innovatorios concretos como el de la economía mixta de agricultura y ganadería en el campo, el desarrollo de nuevos cultivos -como el girasol-, y muy significativamente, con la creación y consolidación del Cooperativismo agrícola, cuya institución inicial data del año 1900. Esta innovadora forma de administrar tanto la compra conjunta de insumos como la venta de sus cosechas, fue el origen del movimiento cooperativo agrícola que perdura hasta la actualidad.

Es destacable también el impacto producido tanto en el aspecto educativo como en el sanitario. Las escuelas de las colonias fueron muchas veces los únicos espacios de enseñanza en esas zonas rurales a los que acudían los niños de los colonos y todos los otros habitantes del lugar. Es de resaltar que en 1916 la red de escuelas de las colonias judías de la Provincia de Entre Ríos fue cedida por la JCA al Consejo Nacional de Educación. En el campo de la salud, la instalación de los centros de atención médica y la presencia de médicos como es el caso del Dr. Yarcho en Villa Domínguez, fueron fundacionales al momento de atender las necesidades de toda la población.

La Provincia de Entre Ríos fue receptora de un número muy importante de inmigrantes y suelo en el que se fundaron muchas colonias. El Dr. Leonardo Senkman así detalla los inicios de esa presencia: “Cuando la JCA adquirió en dos compras sucesivas a la Sociedad Anónima La Argentina, las 80.265 hectáreas en el distrito provincial Bergara, en 1892, se vio atraída por las amplias posibilidades de colonizar judíos rusos en Entre Ríos, no sólo por la calidad de sus tierras y la bondad del clima, sino por la liberalidad de los gobiernos y la tolerancia de sus instituciones democráticas y la JCA no se equivocó, a juzgar por los resultados.

El balance a nivel nacional de esta peculiar empresa colonizadora a los cincuenta años de iniciada, en 1939 fue valorado con admiración por las mentes más lúcidas del país, no sólo con criterios económicos sino también culturales y cívicos. Estaban para demostrarlo los gauchos judíos de la cultura y la política nacional criados en Entre Ríos antes de triunfar en Buenos Aires: Alberto Gerchunoff, Emilio y Enrique Dikmann, Samuel Eichelbaum, León Dujovne, Rodolfo Givre, Isaac Kaplan, a quienes seguirán años después Aaron Dorfman, Paloma Efron (Blacky), Arnoldo Liberman, Isidoro Blaisten, Osvaldo Dragún, y tantos otros artistas, escritores y profesores”.

Los emprendimientos agrícolas de las colonias judías que tuvieron su apogeo y consolidación en las primeras décadas del siglo XX, empezaron a decrecer y despoblarse en la década del 30’ impactados por todo el contexto de crisis económica mundial y en su componente local por el creciente proceso de industrialización que vivía el país y el trasvasamiento de la población rural hacia las ciudades. Incidieron también en ese despoblamiento la búsqueda por parte de las nuevas generaciones de mejores ofertas educativas y el deseo de avanzar en su profesionalización y su posible ascenso social. De todos modos, en los hijos y descendientes de esas colonias, es aún hoy perceptible el fuerte arraigo que en su identidad tiene la experiencia rural, con su particular forma de sentir el folklore gauchesco y la cercanía con la tierra. En muchos de los lugares donde se desarrollaron esas colonias existen hasta el día de hoy comunidades judías que continúan manteniendo viva la historia de sus ancestros y compartiéndola con quienes con nostalgia las recorren.

EN EL CONTEXTO URBANO

Desde fines del siglo XIX, se fue registrando la llegada masiva de inmigrantes judíos provenientes de Europa Oriental y Central, de países de la cuenca del Mediterráneo y de Medio Oriente. La afluencia fue muy significativa en las primeras décadas del siglo siguiente, con una interrupción durante la Primera Guerra Mundial. Se reinició intensamente entre los años ‘20 hasta fines de la década del 30, época ésta en la que se fueron reduciendo las posibilidades inmigratorias, a pesar de la urgente necesidad que tenían los judíos perseguidos por el avance del nazismo en Europa de encontrar un nuevo hogar donde refugiarse. Con la llegada de sobrevivientes del Holocausto a fines de la década del ’40, finaliza prácticamente el ciclo inmigratorio judío a la Argentina.

La vitalidad creativa de los inmigrantes judíos urbanos se fue organizando a través de iniciativas personales y las de instituciones que se dedicaron a atender las necesidades de los integrantes de la comunidad judía, en los diferentes momentos y etapas que éstos iban atravesando.

Es así que para ayudar a resolver las situaciones que tenían que afrontar los inmigrantes recién llegados, se creó en 1894 la Jevrá Kedushá, hoy aún existente con el nombre de AMIA. A través ella se desplegó una ayuda mutua solidaria para el sustento económico, para la creación de escuelas y centros culturales y para facilitar la articulación con la sociedad general, de la que comenzaban a ser parte.

El hecho que caracteriza a estos diferentes grupos inmigratorios es el extenso número de países de los que provenían. Consigo trajeron la cultura, la lengua y las costumbres propias de sus terruños de origen, sin dejar de compartir al mismo tiempo su adhesión a su identidad judía, la que emanaba de su historia compartida, sus rituales, su cultura, sus valores y su tradición milenaria.

Esta diversidad geográfica de la que provenían los inmigrantes es la que dio origen a las diferentes formas en las que se fue expresando su identidad judía, sus preferencias idiomáticas, culturales, ideológicas y políticas. Es también el origen de la intensa y fecunda vida institucional que se va construyendo mayormente en la porteña Buenos Aires y también en todas las provincias del país.

Se crearon sinagogas aschkenazies y sefaradies, escuelas idishista y hebraistas, agrupaciones políticas judías socialistas anarquistas, sionistas y tradicionalistas, sindicatos judíos adheridos al movimiento obrero nacional, periódicos en castellano idish, hebreo o alemán, que publicaban literatura argentina traducida a esos idiomas y literatura judía traducida al español, centros sociales y asistenciales, centros culturales y deportivos, bibliotecas y teatros. Todas ellas tenían como misión acompañar la integración de los miembros de la comunidad judía a la sociedad general, preservando al mismo tiempo su particularidad judía, sus valores, ideales, folclore, tradición, ritual religioso y la estrecha relación con Israel como estado judío.

Los inmigrantes judíos en los años de inmigración masiva empezaron en general insertándose en los niveles más primarios de la actividad económica, como artesanos, vendedores ambulantes, obreros en la industria textil, del mueble y del calzado. Estaban en oficios y profesiones que remiten a los ya conocidos por ellos en sus tierras de origen. Fueron también innovadores en la creación de la figura del “tallerista” como pequeño emprendedor diferenciado del trabajo en las grandes casas de confección. Desde diferentes adscripciones ideológicas y posturas políticas, se sumaron a la actividad gremial y sindical, creando incluso sus propias asociaciones en las que en algunos casos sus actas eran escritas en idish.

EL MOVIMIENTO OBRERO JUDÍO EN LA ARGENTINA

A partir de 1916-1917 resulta evidente el fortalecimiento del movimiento obrero general, a la vez que se percibe el desarrollo del movimiento obrero judío en particular. A diferencia de la etapa previa, el sindicalismo judío se convirtió en un sector gravitante y dinámico, cuyas relaciones con el resto de los trabajadores organizados planteó problemas específicos, a los que fue necesario responder.

Las huelgas en el gremio del mueble, en junio de 1916, pusieron ya de manifiesto la importancia del sector judío. Dichos obreros -en número de 400- participaron activamente en ellas.

El ascenso económico y social promovido básicamente por la educación pública y el desarrollo socio económico del país, les permitió, junto a los otros miles de inmigrantes, una rápida desproletarización y una creciente inserción en la clase media, un progreso que los ubicó mayormente como propietarios y desarrolladores en las ramas de las actividades empresariales comerciales e industriales y como profesionales en el vasto espectro que ofrecían las ciencias, las artes y todas las otras actividades calificadas.

LOS MOMENTOS DIFÍCILES

A lo largo de las décadas, los miembros de la comunidad judía argentina y sus instituciones vivieron y fueron parte de las diferentes coyunturas que en la sociedad argentina se producían. Los de crecimiento y desarrollo y los de crisis socio económica, los de consolidación social y convivencia en el respeto por la diversidad y los de violación de los derechos humanos. Afrontaron las consecuencias y buscaron las soluciones, junto con otros ámbitos de la sociedad civil.

La vida judía en la argentina no estuvo exenta de especiales momentos duros, de confrontación y dolor. Son testimonio de ello la Semana Trágica de 1919, que pasó de ser huelga obrera a convertirse en persecuciones y matanza de judíos, las limitaciones al ingreso de inmigrantes judíos en la década del 30′, la presencia y difusión de la ideología nazi en sectores de la sociedad con ingreso de criminales en la posguerra, las acciones antisemitas de grupos nacionalistas y ligados a la causa árabe, la especial violencia en el tratamiento de detenidos judíos durante los años de la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 y los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA en 1992 y 1994 respectivamente.

Sobreponiéndose a esas difíciles situaciones, a lo largo de este casi siglo y medio de vida judía organizada en la Argentina, las generaciones de descendientes de todos esos inmigrantes se convirtieron en parte constitutiva de la sociedad argentina y partícipes activos de la modernización industrial, el desarrollo de las ciencias, el avance de la educación, el florecimiento de la literatura, la música, las artes plásticas, la radiofonía, la televisión y de muchos ámbitos más.

LA COMUNIDAD JUDÍA HOY

La comunidad judía de la Argentina, la sexta en importancia en el mundo sigue reconfirmando desde su particularidad identitaria el respeto por su diversidad judía, la que se sigue expresando en la red de escuelas laicas y religiosas, en sinagogas ortodoxas y conservadoras y en las pequeñas comunidades del interior y en las más numerosas de Buenos Aires y otros centros urbanos.

Sigue aportando su mejor esfuerzo al servicio del bienestar colectivo, a la construcción del país y al fortalecimiento de una sociedad democrática, pluralista, justa y basada en una coexistencia que encuentra en la diversidad y el pluralismo un valor a honrar.

ACERCA DE LA MUESTRA “JUDÍOS ARGENTINOS. RETRATOS EN EL BICENTENARIO” EN EL MUSEO JUDÍO DE FRANKFURT

Esta muestra, anclada en la convicción de que el respeto por la diversidad puede consolidarse solo si existe una memoria colectiva nutrida de vivencias individuales, está dedicada a mostrar a las personas, a aquellas que con sus logros y sus sufrimientos individuales, con sus historias y sus acciones personales, la construyen.

Está edificada para ello, con diversos tipos de retratos que nos cuentan muchas historias, que nos hablan de muchos momentos de la presencia judía en la Argentina, de vivencias que se fueron desplegando durante décadas en espacios urbanos y rurales, de las felices y de las tristes, de los mundos actuales que habitan y de aquellos que les dejaron marcas en sus espíritus y en sus cuerpos. Retratos que los muestran en su diversidad y retratos ilustrados que nos hablan de sus vidas y de sus frutos, que nos muestran sus rostros y sus miradas, sus gestos y sus mensajes, para que podamos asomarnos a su historia, para poder hacer que esa historia sea la de muchos otros. Para poder decir que “quien retrata y pinta su aldea, está retratando y pintando el mundo”.

Se entiende por retrato la descripción de la figura del carácter de un sujeto, se refiere al testimonio visual de una persona, a la reproducción de ella misma, con predominio del rostro y su expresión. Aparece en el siglo V a.e.c. sobre las monedas de los reyes persas.

Entendemos que un retrato es una representación artística. La limitación de la realidad se presenta hoy como una búsqueda obsoleta, carente de sentido. Dejaremos la preocupación por si algo es copia fiel de su original al mundo de los escribanos y peritos, ya que los retratos también dicen muchos de quien los hace. Desde sus comienzos el retrato estaba íntimamente relacionado con el poder. La idea era captar la imagen de una persona para inmortalizarla. La historia nos puede brindar muchos ejemplos de gobernantes que abusaron de los retratos para desarrollar un culto a la personalidad. Quizás este es uno de los sentidos en el cual se apoyaba la prohibición judía de retratar la imagen humana y también divina.

En esta muestra se abraza al retrato desde la plástica y la fotografía. Mucho se ha escrito sobre los cambios en el retrato desde el advenimiento de la fotografía tanto en su producción como así también en la percepción. Para Walter Benjamin, la utilización de técnicas que permiten la reproducción de la obra de arte le hacen perder su “aura”, aquello que él definía como irrepetible y que estaba constituido por el “aquí y el ahora”.

Uno de los últimos reductos donde permanecía el “aura” era en los retratos de familia, seguramente relacionado por la presencia del gesto amoroso de su realizador. De cualquier manera, de lo que se trata es cómo lograr mediatizar y percibir como algo cercano una historia que no es propia, con el anhelo oculto de pensar que quien se sabe diverso es el primero en aceptar la diversidad del otro.

Por supuesto, que la realización de un retrato implica la toma de decisiones. Por ejemplo qué características diferenciadores de una persona uno va a resaltar. También implican cuestionamientos o reflexiones: ¿la simple suma de muchos retratos individuales hacen un retrato colectivo? ¿Cómo se construye un retrato colectivo desde la diversidad?

Con la creación de los estados nacionales en el siglo XIX se acuñó el concepto de “crisol de razas”, el cual suponía al “ser nacional” como producto de la renuncia de lo particular que valoraba la mezcla o fundición en la que no se distinguía el aporte de los distintos componentes. Es como imaginar que a partir de las habilidades que nos da el “photoshop” podríamos hacer un retrato con la superposición y fusión de imágenes. El resultado seguramente sería un engendro artificial en el cual nadie de nosotros podría sentirse identificado. Por eso proponemos un recorrido distinto, donde el retrato colectivo es similar a la figura de un mosaico, el cual constituye una pieza única pero que está conformada por muchas piezas únicas. Justamente lo que da la posibilidad que cada una de las piezas del mosaico pueda conformar una imagen general es que son todas diferentes.

Este concepto es tan válido para hacer un mapeo de la presencia judía en Argentina como también de la sociedad argentina en su conjunto, donde la diversidad es parte constitutiva de esa identidad que nos conforma. Se trata de realizar un retrato desde la belleza de lo complejo y no dejarse tentar por los atajos que pueden producir las generalizaciones y los clichés, que no solamente generan estereotipos, sino que transforman el plato más sabroso en la ingesta más desabrida.

La mesa está tendida. El recorrido propuesto incluye varias partes o instalaciones que se complementan entre sí y que nos suman y aportan la mirada única de los artistas. En todos los casos se trata de la resolución autoral a partir de una idea y un concepto previo.

Los retratos que proponemos en esta muestra son retratos colectivos constituidos por individualidades diferentes, pero que aportan en su conjunto un valor identitario para el grupo. Tienen un límite poroso y borroso entre el retrato y el autorretrato ya que también parten de una mirada sobre nosotros mismos.

La muestra comienza con Vida judía en Argentina. Retratos de la historia. Se trata de un recorrido que transita por los principales momentos vividos en la comunidad judía en la Argentina desde los primeros indicios hasta la actualidad. Son referidos los contextos sociales y políticos que influyeron sobre la modalidad inmigratoria y la construcción misma de sus marcos organizacionales, sus vivencias tanto en las ciudades como en las colonias agrícolas, sus alegrías y sus tristezas. Se trata de paneles, con textos e imágenes, ensamblados en valijas de madera como metáfora de la llegada de los inmigrantes a la Argentina, pero también de esta “vuelta” simbólica a Alemania. Un hecho trascendente que no podemos soslayar es el significado concreto y también alegórico de lo que para nosotros realizar esta muestra en el Museo Judío de Frankfurt. Es compartir la experiencia de la inmigración y la vida judía en Argentina, no como un hecho arqueológico, sino como un proceso vivo y dinámico que confirma, en este “regreso teórico”, que la vida pudo más que la muerte y que al proyecto de aniquilación de un pueblo se le respondió con más creación humana.

Desde esta perspectiva, nos parece que al recibir el Museo ésta muestra, está también recibiendo a quienes sobrevivieron a la masacre, como una especie de retorno, de reconfirmación de su compromiso con la memoria de quienes ya no están pero que siguen presentes en nuestro recuerdo. No se trata de un testimonio lacrimógeno, sino de una postura frente al porvenir, de una militancia activa contra la discriminación, la xenofobia y el fundamentalismo en cualquiera de sus formas.

Con Judíos Argentinos: Retratos ilustrados en el Bicentenario nos acercamos a 200 personalidades que se han destacado por su contribución en distintas áreas del quehacer nacional. El relato está construido en un lenguaje cercano al comic para el cual se convocó al artista Omar Panossetti quien nos guiará por estas experiencias con su personaje “Hombre Pirámide de Mayo”, símbolo inequívoco del bicentenario de nuestro país.

Esta parte de la muestra es lindera con otras dos. Retratos de la diversidad: Álbum fotográfico de la comunidad judía Argentina y Retratos con bandoneón: Los judíos y el tango.

En la primera nos encontraremos con un gigantesco álbum familiar de madera con setenta y siete fotos de Daniel Caldirola. Son retratos actuales que recorren la heterogénea comunidad judía en Argentina. La segunda, enmarcada por un montaje escenográfico y sonoro, se centra en un relato que describe la relación intensa entre el tango y los judíos a lo largo de la historia.

La construcción de la memoria desde el pasado pero también desde el presente, y sobre todo con la capacidad de construir un retrato que nos devuelva una imagen comprometida con el futuro, está construida por tres espacios muy significativos: Después del infierno: Retratos de sobrevivientes del Holocausto que llegaron a la Argentina, realizados por la fotógrafa Alejandra López, Seiscientos por diez mil: Los retratos de la memoria, dibujos del artista Pedro Roth y Memorial: Retratos tipográficos, instalación participativa que propone un diálogo entre la muestra y el antiguo cementerio judío de la ciudad de Frankfurt que se encuentra al lado del Museo

Hay dos espacios que hacen anclaje en lo audiovisual. Uno realiza un repaso sobre cómo el cine argentino abordó y aborda distintos ejes de la temática judía, y por el otro lado, un material que cuenta la historia del libro entre los libros, la historia de una Torá que fue rescatada de Alemania durante la persecución nazi, que fue cimiento en la construcción de una comunidad, y que hoy retorna para contar su historia.

Invitamos a recorrer las páginas de este catálogo para encontrarse con el desarrollo de cada uno de estos espacios o instalaciones en la certeza que nuestra identidad también se construye con lo que decidimos recordar.

Los judíos comenzaron su arribo a la Argentina individualmente y en pequeños grupos hace un siglo y medio, pero hace ya más de un siglo que iniciaron un proceso de inmigración masiva dirigida en su mayor parte a zonas poco pobladas del interior argentino donde desarrollaron una fructífera colonización agrícola. Y mientras unos siguieron en contacto con la tierra, otros se fueron instalando en pueblos y ciudades del país, ingresando a fábricas, escuelas y universidades o encarando todo tipo de emprendimientos al servicio del bienestar colectivo.

Hoy, a doscientos años de la consolidación de la Nación, los judíos argentinos constituyen una parte indisoluble de su sociedad pluralista y democrática.

FICHA TÉCNICA

Título: Judíos Argentinos. Retratos en el Bicentenario
Fecha: Octubre 2010
Se expuso en el Museo Judío de Frankfurt
Se realizó un libro para esta muestra

PRENSA

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